Esta antigua vivienda que en su origen fue un lagar, actualmente ha sido restaurada con el fin de alojar un turismo sediento de tranquilidad y silencio. Estos y otros sentimientos pueden aflorar en nuestro interior en la casa que cuenta con un marco privilegiado, cercana a las impresionantes paredes de la Caldera de Taburiente. Se estructura en dos cuerpos independientes donde el espacio protagonista es el salón - comedor - cocina, tres condiciones que se reunen en un sólo ambiente. La sencilla cocina conserva el sabor a pueblo, los muebles, los azulejos, el suelo... proporcionan un espíritu rústico que se repiten en el salón articulado entorno a las añejas maderas que forman el armazón del lagar. Herramientas, cestos de fibras, barriles... son el complemento que le dan vida al habitáculo. Por otro lado cuenta con un dormitorio doble junto al cuarto de aseo, todo ello rodeado de terrazas de suelos empedrados. Un entrañable rincón al exterior organizado con mobiliario de troncos de pino nos harán pasar momentos mágicos.